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el pensamiento de Roberto García Morillo
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de Juan José Castro
EL PENSAMIENTO DE
ALBERTO GINASTERA
sobre Julián Bautista
“El
pensamiento de Julián Bautista”,
Revista
“ARS” de Buenos Aires,
Nº
3, año 1961.
(Conocí a Julián Bautista casi en el
momento de llegar a Buenos Aires,
ciudad a
la que amaba entrañablemente. De inmediato nos unió una
profunda
amistad, una fraternal
amistad. Durante más de veinte años conversamos casi diariamente acerca de la música, acerca
del profundo misterio del arte.
Siempre
estábamos de acuerdo, o casi
siempre. Y yo me sentía feliz cuando disentíamos pues entonces
su prodigiosa elocuencia española –o madrileña, tal vez—despertaba, como si buscase en una
galera de mago argumentos y
más argumentos
para rebatir
mis opiniones. Entonces se transformaba y nosotros, sus amigos,
nos deleitábamos escuchándolo. Julián Bautista dejó en algunos
papeles sueltos y en tres obras fundamentales inéditas, fruto
del concurso de oposición a la cátedra de Armonía del Conservatorio
de Madrid, su pensamiento pocos
años, ante la falta de bibliografía en español me ofreció colaborar
en la a revisión y publicación
de su “Memoria sobre la evolución en el
desarrollo de la Armonía”. Desde
entonces
al tomar
contacto con el otro aspecto de su personalidad, no sólo admiré
en Bautista al gran tista, sino también al músico erudito,
al investigador sagaz y al escritor
brillante. Como pequeño homenaje a su memoria quedan aquí us propias palabras
y mi compromiso formal de realizar todos los esfuerzos necesariosa
lograr la publicación de sus obras teóricas.
Para bien de la Música. – A.
G.)
*
En el arte de la composición no debe llegarse a un virtuosismo
amanerado que produce admiración en ciertos pedantes que buscan
más lo sensacional o raro que lo bello.
*
La composición es un misterio; no un problema.
*
El sistema no vivifica, sino que diseca, descompone. Un
exceso de ordenación puede llegar a esterilizar. Composición es,
en este caso, contrario a creación.
*
En arte es bueno lo que es bello. No es posible encerrarse
en un criterio fijo y desechar como producto de una decadencia
lo que se acomoda a un dogma estético y mucho menos todavía porque
no se adapta a una técnica o a un sistema.
*
Hay que ir contra los “absolutismos” estéticos; hay que
huir del arte “químicamente” puro.
*
Si bien sistema
e intuición por separado
son inconducentes, e ineficaces una y otra cosa, no es recomendable
que entre estos dos factores se establezca una jerarquía en la
que intuición quede subordinada, que el razonamiento prive sobre el impulso creador, que éste esté sometido a la teoría en forma férrea impidiendo una verdadera cooperación entre
la mente ordenadora y la fantasía creadora. Porque la técnica debe ser puesta al servicio de lo que la gente llama inspiración
(que es como una semi-inconsciencia del acto creador) y no está
al servicio de la técnica.
*
Los músicos no geniales no pueden permitirse el lujo de
ser aburridos.
*
Algunos compositores de ideas muy avanzadas opinan que
no debieran enseñarse los recursos clásicos por considerar que
es un idioma en desuso
y que equivale a que se enseñase a los niños el idioma castellano
antiguo antes de hablar en castellano moderno. La comparación
no es exacta. En primer lugar, la Armonía no equivale a enseñar
a hablar musicalmente: eso, si acaso, sería el Solfeo. La enseñanza
de la armonía es ya la técnica del lenguaje y el vehículo de cultura.
Equivaldría más bien a un grado de enseñanza superior de las Letras;
o de la Filología (¿por qué no?) del arte de los sonidos. Si al
filólogo le es necesario el estudio de las lenguas muertas para
conocer la etimología de las palabras en las lenguas vivas; si
al literario le son valiosos los conocimientos de los clásicos
para conseguir un buen estilo, aunque estilo sea personalísimo,
y para poseer una cultura absolutamente necesaria, ¿cómo es posible
negar la conveniencia de un conocimiento profundo de la Armonía
clásica, fuente de todas las Armonías actuales, aún las más modernas
y complicadas? Otra de las ventajas del estudio de la Armonía
en el estilo severo, es la disciplina. Para que el aprendiz de
compositor (que es el estudiante de Armonía) llegue a adquirir
soltura de mano, es
necesario someterle a una disciplina firme, con la cual conseguirá
la agilidad necesaria para adentrarse en formas más atrevidas.
*
En toda época los compositores han caminado
por delante de los tratadistas (sin cuyos progresos no habría
evolucionado nunca la materia), pero jamás ha habido una distancia
tan considerable entre lo que se enseña en tratados y métodos
y la realidad de los hechos musicales. Es una necesidad imperiosa
reducir considerablemente esa distancia, aproximando, hasta donde
sea posible, la enseñanza a la obra viva de arte.
*
¿Por qué rechazar las audacias de los grandes genios? ¿Acaso
no fue una audacia de Monteverdi emplear la séptima sin preparación,
no como excepción sino sistemáticamente? Pues si este rasgo genial
se ha adoptado en la enseñanza ¿por qué no aceptar otras audacias
más recientes? No creo que la palabra conservatorio intime a los profesores para admitir fórmulas nuevas
por miedo a que pierda su tradicional sentido. Porque conservar no es rechazar lo nuevo, sino admitirlo también para conservarlo.
Y, puesto que todo lo actual es consecuencia de lo anterior, está
claro que lo nuevo no viene a desplazar aquello de lo que es hijo.
La rama joven no viene a destruir el árbol ni sus raíces sino
a darle nueva vida, y así como el tronco necesita ramas nuevas
para no morir, la rama nueva necesita del tronco y de sus raíces
para sustentarse, y de la savia que de ellos recibe se alimenta
para florecer.
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