El valor de "nuestros"
españoles
(extracto)
La Guerra Civil Española, que dejó en el camino un
tendal no sólo de seres humanos, sino también de bellos
ideales, trajo hasta nuestras tierras a algunos músicos que
terminaron sus vidas en la Argentina, donde su huella quedó
marcada para siempre con obras y discípulos.
* * *
Un sentimiento especial despertaron en el país la presencia
y la personalidad de Julián Bautista, que había alcanzado
a participar en España de un favorable movimiento de renovación
musical como miembro del Grupo de Madrid, antes de que el brutal
tsunami de la guerra los dispersara violentamente. Tras dos años
en Bruselas, llegó a la Argentina en 1940, donde formó
su familia con Adela Fuchs, esa refinada y elegante mujer que hoy
mantiene tan discretamente el recuerdo de Julián.
En nuestro país, adonde había llegado con buen número
de creaciones, Bautista compuso tres obras para orquesta y apenas
dos para conjunto de cámara, además de su "Romance
del rey Rodrigo", para coro "a cappella". Es que
este ser tan especial, inteligente y agudísimo, que pasó
años de su estada entre nosotros obligado, para subsistir,
a escribir con abrumadora velocidad música para cine, cuando
componía por estricta vocación artística lo
hacía pausadamente y sólo cuando creía tener
algo nuevo para decir. En una época de incontrolable afán
de renovación, Bautista sometía todas las novedades,
pulverizándolas, a su conciencia crítica. Juan José
Castro, su dilecto amigo, al escribir sobre "Los silencios
de Bautista", explicó que "podríamos definir
su actitud como sufrida espera de la intuición. Porque él
no aceptaba la exclusión del misterio en la obra artística".
Más adelante advierte Castro que "sólo debía
hablar su profundo «sentir» musical; sería su
voz interior quien lo ordenase, nunca los esquemas ingeniosos, las
teorías «previas a la creación»".
Así se explica la veneración de algunos de sus escasos
discípulos en el país (Valdo Sciammarella, Bruno D´Astoli,
Carlos Pemberton...), que rescataron esa libertad para crear, esas
convicciones de Bautista para quien "el sistema no vivifica,
sino que diseca, descompone", o bien cuando les repetía
que "hay que ir contra los «absolutismos» estéticos;
hay que huir del arte químicamente puro".
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Nota de Pola Suárez Urtubey
publicada en La Nación el 20-10-05.
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