LOS ULTIMOS AÑOS DE MANUEL DE FALLA
libro escrito por Jorge de Persia
Editado por la Sociedad General de Autores y Editores de España,
en 1989.
(En el Capítulo XXIV el musicólogo
Jorge de Persia, recrea con
generosidad el vínculo que existió entre el famoso compositor
español
Manuel de Falla y el Maestro Julián Bautista.)
(transcripción parcial)
De repente todos los momentos y situaciones
que estamos evocando en torno a Falla, a través de esa distancia que
da la historia, se vuelven recientes... Al año siguiente, en 1959,
Pablo Casals, contemporáneo de don Manuel, y que prolongó su exilio
hasta el final de su larga vida, encargó a Juan José Castro la dirección
del Conservatorio de Puerto Rico. Este centro de estudios formaba
parte del proyecto que Casals había fundado en San Juan de Puerto
Rico, que contaba además con el “Festival Internacional” y la creación
de una orquesta sinfónica. Poco después Castro decide la contratación
de Julián Bautista para hacerse cargo de los primeros cursos
de
composición: “don Pablo participa de nuestra alegría!" , le escribe
a Buenos Aires. Esta será una de las últimas actividades del compositor
español, radicado en Argentina, que murió en Buenos Aires a los sesenta
años de edad, tras haber pasado un tercio de su vida en el exilio
porteño.
Ya estaban lejanos aquellos días en
que con sus compañeros de generación (y algunos hasta de estudios)
compartían los últimos espacios que les dejaba la guerra instalando
el Comité Central de la Música en la ciudad de Barcelona. En ese mismo
año de 1938 su obra Tres ciudades,
para mezzo soprano y orquesta, sobre textos de García Lorca, fue
seleccionada para los Festivales internacionales de Música Contemporánea.
También de ese año es el último número de la revista mensual Música,
que editaba el Consejo, y en ella su artículo “Lo típico y la producción
sinfónica”. Por último, en ese año, el descalabro provocado por la
guerra empuja a este grupo de músicos al exilio, con caminos dispares.
Ya todo era lejano cuando en 1958,
en Buenos Aires, recibe estas líneas de Fernando Remacha, antiguo
compañero, junto a Gustavo Pittaluga, Rodolfo Halffter y Salvador
Bacarisse, en aquellos días...:
"Querido Julián: (...)
Te mandamos una foto hecha el día que celebramos nuestras bodas de
plata, el 7 de octubre de 1957. Ya va a hacer diecinueve años que
nos separamos en Gerona ¿te acuerdas? Tal como está la casa de enredada
no parece probable que podamos vernos pronto. Fernando".
Esto escribía Fernando Remacha a Julián
Bautista, desde España, en 1958. Ambos músicos, compositores,
compañeros de una hermosa aventura que destruyó la guerra, mantuvieron
una relación periódica a través de cartas y amigos comunes. Julián
Bautista habría de morir poco después, en 1961, en Buenos Aires,
adonde había llegado a través de la incierta ruta del exilio en 1940.
Fernando Remacha vivía ya de regreso
en Tudela, su tierra, alejado de aquel brillante futuro que se auguraba
a su generación. Otros compañeros de esa experiencia ya lejana que
se había desarrollado en Madrid vivían también en el exilio; no interior,
como éste de Remacha: “Ya me canso de ser tendero” —decía desde Tudela
a Bautista en 1956—, sino en distintos países como Francia,
USA, México y Argentina.
Julián Bautista pudo desarrollar su
actividad profesional en esta definitiva etapa sin muchas concesiones.
Su labor se dividió entre la enseñanza (especialmente en el ámbito
privado) y la composición. En este campo dedicó muchos esfuerzos a
una actividad nueva y rentanble como era la música para el cine, para
el que compuso unas cuarenta partituras; en 1957 decía a Fernando:
«Mi actividad cinematográfica está momentáneamente suspendida a causa
de que la industria está pasando una crisis muy aguda y apenas se
produce. Estoy dedicado, por ahora, exclusivamente a la ensenanza
privada y con eso me defiendo.»
En 1946 trabajó en colaboración con
su amigo Juan José Castro en una producción muy valorada en el cine
argentino: Donde mueren las palabras, película
musical pionera en el género en la que se incluyó una importante parte
coreográfica a cargo de Margarita Wallmann, a lo que se sumaron los
“Piccoli” de Podrecca en uno de los pocos documentos fílmicos que
tenemos. Otros trabajos, como el realizado para la película Inspiración
por Bautista, son especialmente considerados por la crítica
especializada.
Estos trabajos para el cine no apartaron
a Bautista de sus objetivos como compositor, labor que continuó
sistemáticamente y con minuciosidad y cuidado. Su producción en este
campo a partir de su instalación en Buenos Aires no es numerosa, y
el tiempo que mediaba entre cada obra (sometidas a revisiones intensas)
fue el tema central del artículo Los silencios de Bautista,
que Juan José Castro escribió para el volúmen que
ARS dedicó a su memoria: “Así, cuando sus silencios se quebraban —dice
Castro— era siempre para regocijarnos con ricas compensaciones: los
Catro Cantos Galegos, El Romance del Rey Rodrigo, La Sinfonía Breve,
o El cuarteto Nº 3.
El medio musical local acogió a Bautista
con interés y respeto, y si bien no todas fueron flores, la inserción
del músico en Argentina fue al fin eficaz y productiva. Así parece
desprenderse de sus mismas palabras, que escribe nuevamente a su amigo
Fernando en 1959, dos años antes de su muerte:
«De mi actividad musical (mis éxitos,
como dices) tengo mucho que contarte, aunque ya, según veo, estás
al tanto. En efecto, el año pasado ha sido para mí fructífero. Gané
el premio del “concurso internacional” organizado por Ricordi Americana
para celebrar el 150 aniversario de la fundación de la casa matriz
en Milán, consistente en 50.000 pesos y la edición de la obra, la
cual fue estrenada por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección
de su titular Juan José Castro, con gran éxito. Una sinfonía que dura
32 minutos; mi segunda sinfonía que he titulado Ricordiana.
La obra la terminé a finales de diciembre del 57, (...). Me puse de
nuevo a trabajar en un Cuarteto de cuerdas
para otro concurso internacional organizado por la Asociación
de Conciertos de Cámara como complemento de un Festival Interamericano
que dicha asociación estaba realizando durante el año pasado. También
tuve la suerte de ganar el premio, éste de 1.000 dólares y también
la edición por la Casa Ricordi. El Cuarteto fue estrenado durante
el festival, también con gran éxito de público y crítica. No soy amigo
de hablar de éxitos míos; si te cuento estas cosas es porque sé que
tú te vas a alegrar y no vas a pensar, puesto que de sobra me conoces,
que no soy un estúpido vanidoso. Ya sabes que sobre el valor de nuestras
obras se podrá hablar, si no han pasado antes al piadoso olvido, recién
dentro de cien años, y no creo que, por muchos esfuerzos que hagamos,
podamos estar todos aquí, en este mundo, para entonces.
Debo decir que, aunque parezca mentira, no he tenido la sensación
de la más mínima hostilidad por parte de los colegas, aunque, como
es lógico, alguna broma era inevitable. Pero tengo que reconocer que,
si alguna prueba necesitaba de la simpatía que aquí se me tiene, ésta
ha sido la piedra de toque. Ya antes se me había
demostrado, al nombrarme profesor de composición en el Conservatorio
Nacional, a pesar de no tener carta de ciudadanía, sin que por ello
se haya levantado el más mínimo aire de protesta, sino al contrario,
con el beneplácito de todos en general. Son los mismos colegas los
que me han llevado a ese puesto: es decir, el director del centro,
que es un compositor de aquí: Luis Gianneo. Se produjo una vacante
por jubilación del titular y este hombre removió Roma con Santiago
hasta conseguir mi nombramiento. Esta fue una gran satisfacción para
mí. En fin, ya te he puesto al corriente de todas mis cosas. He escrito
demasiado y temo que sea una lata..."
A partir de aquella cena de “nochevieja”
que reunió en Buenos Aires a Falla, Castro, Bautista y Badía,
se va a generar una cálida amistad entre los dos compositores españoles
que circunstancialmente compartían la tierra argentina. Si bien Bautista
había asistido a las importantes clases de composición de Conrado
del Campo en el Conservatorio de Madrid, el gran magisterio para
toda su generación había sido el de Falla.
La cantante hace llegar a don Manuel,
con entusiasmo, la partitura de las canciones de Bautista Tres
Ciudades, que
poco tiempo atrás habían interpretado con gran éxito en el Teatro
Cervantes, orquestadas y bajo la dirección del compositor.
Sigue, con modestia, el agradecimiento
de Bautista al afecto y atención de don Manuel, que al cabo
del largo y penoso verano está sometido a un severo régimen con apenas
algún tiempo libre para ocuparse un poco de su trabajo musical. No
obstante su interés es manifiesto y así lo hace saber.
“Bien deseo —dice a Conchita en Abril—
oírle a usted las Canciones
de Julián Bautista, y acompañadas por él... Con vivo
interés las he leído y deseando estoy conocer esas nuevas danzas suyas
que Juan José incluye en el programa de su próximo concierto. Ojalá
pudiera estar ahí para oírlas, pero desgraciadamente no hay
ni que pensar en ello...”
Las “danzas” eran las del ballet Juerga
(Pasacalle, Tango y Zapateado y Danza
general), obra en un acto que Antonia Mercé estrenó en París en
1929, y sobre la que Juan José comenta a Falla:
«Nuestro amigo Bautista logró
un verdadero éxito en el Colón con sus fragmentos del ballet Juerga.
El público, muy numeroso por cierto, lo celebró muchísimo, y con
justicia. Son trozos escritos con una gran seguridad y orquestados
con gran conocimiento. El segundo número (Tango
y Zapateado) es un acierto por su gracia intencionada. "
Poco más es lo que sabemos de las relaciones
entre Falla y Julián Bautista. Hay un hecho no obstante que
sale de la anécdota puntual de este breve encuentro, para hablar de
esa tan clara actitud de don Manuel de apoyo, tanto a los hombres,
como al conocimiento y difusión de la música de España. Solidaridad
en definitiva con artistas y obras que queda reflejada en estas líneas
de agradecimiento que Bautista envía a don Manuel:
"A su gentileza en escribirme
he de añadir su generoso rasgo de indicar al maestro Juan José Castro
que sustituyese las Noches en los jardines de España por una obra mía, en el concierto
de la Wagneriana. Sustitución que hubiera tenido que lamentar ciertamente,
el público. No exagero al decirle que sentí una profunda emoción
al saberlo, de labios del mismo maestro Castro, y que sentí cómo
mis ojos se humedecían
ante un gesto tan generoso como inusitado”.
Párrafo del capítulo IV
Años más tarde, y cuando casi estos
jóvenes músicos (se refiere al Grupo de Madrid) habían emprendido
el forzoso camino del exilio (no se trataba ya de la dulce "expatriación"
que comentaba Falla), Julián Bautista va a ratificar este papel
inspirador, de referencia inmediata, que atribuían al maestro, sobre
todo en lo que hace a un concepto de lo tradicional vinculado a un
lenguaje "universal".
El 1943, ambos en Argentina, le dice
a Falla a propósito de las canciones Tres Ciudades
con textos de Lorca (última obra que Bautista había compuesto
y editado antes de dejar España), que la mayor alabanza que nadie
hubiese podido dirigirle a través de estas canciones era la de haber
encontrado cierto entronque con su obra, "lo cual --escribe--
ha sido guía y acicate para mí en todo momento, lo mismo que para
todos los músicos españoles de mi promoción y de las siguientes,
pues todos nos consideramos un poco discípulos suyos, espiritualmente,
aunque no hayamos tenido nunca la suerte de recibir sus consejos."
Párrafo del capítulo XV
Pero si por un lado las radios daban
tanta "lata" a don Manuel (de Falla), también le echaron
una mano. Así ocurrió con aquella tan mentada Radio El Mundo, que
más de una vez ayudó a muy ilustres exiliados españoles, hasta en
el trámite del visado argentino, como fueron los casos de Julián
Bautista y Jaime Pahissa, ambos invitados a dirigir conciertos
en la emisora con lo que se les facilitaba el ingreso en el país.
Párrafo del capítulo XXX
Si bien la sociedad argentina había
recibido con gran cordialidad a estos exiliados españoles, dando
muestras de generosidad y sentido común, y la integración de muchos
de ellos (en particular este grupo de músicos y artistas que aparecen
con frecuencia en nuestro relato) era total, sus recuerdos y una
gran parte de sus emociones estaban en España. Sobre todo en esta
primera década, Bautista y Pahissa pasaron a formar parte,
incorporándose activamente a la vida cultural argentina, del panorama
musical local.
Quizá de ambos el que más avanzó en la integraciön fue Bautista;
su mismo trabajo, la intensidad que le exigía la música para el
cine, por ejemplo, le ayudaron a hacerlo. Su producción musical
no se vió tan resentida por el gran impacto de la emigración. Ambos
murieron en Argentina.
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