"La
composición musical
como fondo de
películas"
(1944, 1953 y 1958)
Entrevista por
Radio “La voz del aire” de Buenos Aires
22
de Octubre de 1944
Periodista:
Sr. Ricardo Yrurtia
¿Qué
impresión tiene del actual momento cinematográfico argentino?
Inmejorable.
En realidad, cualquiera que haya seguido con un poco de atención
el proceso evolutivo de la producción nacional en estos últimos
años, no cabe duda que debe sentir un gran optimismo al comprobar
su progresión constante, cuyos frutos han sido algunos de los últimos
grandes éxitos de público y de crítica, los cuales no es necesario
mencionar por conservarse frescos en la memoria de todos. Lástima
que este esfuerzo de directores, productores y equipos se haya visto
un poco frenado por la escasez de película virgen, lo que, por cierto,
no ha impedido la realización de algunas producciones extraordinarias
en este año, algunas todavía en proceso de laboratorio o de filmación.
Por lo tanto, creo que la familia cinematográfica argentina puede
y debe estar muy satisfecha y hasta orgullosa, de su progreso, ya
que actualmente, nadie puede discutirle el primer puesto en la producción
internacional de habla hispana.
¿Cree
usted que en nuestro cine se ha comprendido cabalmente la importancia
que la
música tiene en cada expresión que ha de reflejarse en la pantalla?
Vale decir: ¿qué hoy por hoy se le presta la debida
atención?
Así es, en efecto. Poco a poco, productores y directores
le han ido dando cada vez mayor importancia a todo aquello que en
sus principios eran, por así decir, problemas secundarios. Cada
día el equipo de colaboración se iba enriqueciendo con mejores argumentistas,
mejores técnicos, mejores escenógrafos y, naturalmente, mejores
músicos. Hoy día, los directores saben muy bien que el músico puede
ser un colaborador muy eficaz y, una vez superados los problemas
técnicos, han prestado mayor atención a los colaboradores artísticos
que hacen una labor creadora, como son escenógrafos y músicos. Aunque
no quisiera citar nombres, no tengo más remedio que recordar que
primero fue el maestro Juan José Castro con una importante partitura
para “Bodas de Sangre” y que más tarde se han incorporado al cine
nacional nombres tan prestigiosos como los maestros Gilardi, Ginastera,
Ficher, García Morillo y otros.
A
su juicio de compositor, ¿qué elementos deben primar en la música
de películas?
Esta pregunta es bastante difícil de contestar. En el cine
norteamericano, que en cierto modo sirve de orientación al público
y al mundo cinematográfico en general, el elemento que priva, salvo
excepciones raras, es el gesto. Quiero decir que el músico se preocupa
de subrayar el gesto del actor, con preferencia, y todo lo que es
externo; convirtiéndose la música en reflejo, por medio de efectos
convencionales descriptivos, de los movimientos de los actores:
Si el actor sube una escalera, la música se para; si corre, la música
se acelera, etc. Convirtiendo el cine, que en la época muda era
un espectáculo ideal para sordos, en un espectáculo ideal para ciegos,
puesto que la música les va describiendo lo que está sucediendo
en la pantalla. Esta técnica corresponde al dibujo animado y ha
influido bastante en todos los músicos (y en los directores que
a veces piden esos efectos), hasta el punto de que pocos músicos
habrá que no hayan hecho uso de esos recurso fáciles, aunque no
hayan incurrido en exageración. Pero ¡qué pocas veces se llega a
crear un ambiente a una película, a reflejar estados de ánimo o
reacciones internas, o a subrayar la psicología de los personajes!
¡Qué poca emoción añaden al poema cinematográfico; qué poca
poesía encierran algunas partituras!
¿Qué
temas prefiere para glosar musicalmente en el cine?
Cualquier tema que se preste a un trabajo de cierta envergadura
será entusiastamente acogido por un músico, y yo no voy a ser la
excepción. Y conste que el tema puede ser una tragedia de Esquilo
o una comedia de Molière; pero tal vez, lo que más vaya con mi temperamento
sean los temas poéticos y los dramáticos.
Como
compositor ¿puede encontrar en la pantalla elementos de inspiración
como para hacer obra creadora de calidad excepcional?
Evidentemente,
aunque a ello no se pueda llegar siempre; y ésto únicamente por
la falta de tiempo, ya que, generalmente, el músico es el que tiene
que apurarse más, puesto que su trabajo se realiza después de terminada
la película y hecho el montaje de la copia de trabajo. Y, entonces,
el músico tiene que hacer, en dos o tres semanas cuando más, una
partitura de 40 a 50 minutos de duración que es, por ejemplo, lo
que dura una sinfonía de Brahms. Además, una de las cosas que más
limitan al músico es la medida: la duración de los planos y escenas.
Cuando una medida es de 38 segundos y medio, no pueden ser 39 y
medio. Y hay que comprender que la música tiene sus necesidades
propias de tiempo y no se puede cortar bruscamente, sino que todo
tiene que producirse con naturalidad. Se cuenta una anécdota del
gran compositor francés Maurice Ravel, a quien quería contratar
una poderosa firma norteamericana para que pusiese música a una
película. Ravel, tentado por una oferta fabulosa, preguntó qué duración
tendría la música para todo el film, y al responderle que alrededor
de tres cuartos de hora, contestó que tardaría cuatro años en hacer
la partitura, lo cual malogró, como era lógico, el contrato.
¿Le
atrajo el cine voluntariamente, o los acontecimientos llevaron su
labor creadora a él?
Voluntariamente.
Quiero decir que, como hombre que soy de este siglo, el cine me
atrae de manera excepcional, y puedo considerarme como uno de sus
consumidores más apasionados. Si a un artista le atrae el
cine como espectáculo, qué duda tiene que colaboraría
gustosamente en la creación del mismo. No sé si se
le puede llamar, todavía, arte superior; pero indiscutiblemente
es el arte del presente y, sobre todo, del porvenir. Un verdadero
artista no puede quedar indiferente ante este hecho; y cuanto mayor
sea su categoría, menos perdonable su alejamiento. Claro
que no siempre puede uno hacer lo que quiere. Es decir; que habrá
muchos que no estarán alejados voluntariamente del cine,
sino que no habrán tenido la oportunidad de trabajar para
él, pues su proceso de creación no puede hacerse en
el propio laboratorio. Un músico puede hacer en su casa una
Sinfonía y llevarla a los directores de orquesta para su
estudio y su eventual ejecución; pero nadie puede hacer la
música para una película si no se la encargan previamente.
¿Cree
en la atracción sobre el público, de películas musicales de verdadera
calidad?
El
público acepta, generalmente, todo lo que es bueno. Ahora:
las películas llamadas musicales, suelen ser las menos musicales
de todas. El público entiende por películas musicales
las que los norteamericanos confeccionan a base de números
de revista y música de jazz. Pero, no obstante, una película
en la cual la música juegue un papel preponderante, (sin
el espectáculo coreográfico o cantado), la música,
como digo, le sujetará al asieuralmente si no se le ha dado
una publicidad especial, lo cual atraería la asistencia de
cierta gente melómana que no vannto, y sin que se dé
cuenta, estará cautivado por ella en medida quizás
mayor que por lo que esté sucediendo ante sus ojos. Únicamente
se darán cuenta del fenómeno algunos espectadores,
que no llegarían al 5 por ciento, nat al cine más
que de forma esporádica.
¿Escribiría
una opereta o tema similar, dedicada íntegramente a la pantalla?
Naturalmente
que sí. Claro que sin el concepto teatral de la opereta,
con sus romanzas y sus dúos de amor o duetos cómicos.
Y hasta con canto mismo, si todo estuviera enfocado de distinta
forma. No podemos olvidar aquella magnífica película
que se titulaba “La ópera de los cuatro centavos”,
con una deliciosa y a la vez interesantísima partitura de
Kurt Weil.
¿Qué
proyectos musicales tiene?
Por
el momento, alternar mis trabajos en el cine con la composición
sinfónica y de cámara, que es de la única manera
que un músico puede llegar a sentir satisfecho su deseo de
realizar una labor estimable más o menos modesta o importante.
Y he dicho “por el momento”, ya que la vida me ha enseñado
a no hacer proyectos a largo plazo. Con la convulsión que
la guerra está produciendo en el mundo, ¿quién
puede prever lo que cada cual se verá obligado a hacer en
un mañana más o menos próximo o lejano?
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Entrevista en LR3 Radio Belgrano de Buenos
Aires
en la audición del
Sr.
Chas de Cruz
el
21 de Octubre de 1953
¿Cómo se compone
el fondo musical de una película?
El
compositor empieza verdaderamente su trabajo cuando la película
ya está completamente terminada de filmar, compaginada y perfectamente
ajustada. Antes de esto el músico sólo ha podido preparar algunos
elementos temáticos, inspirado por lo que la lectura del libro cinematográfico
le pueda sugerir; pero dicha labor no siempre es aprovechable, ya
que, como es fácil comprender, la escena realizada es lo que le
da exactamente la pauta, el tono, el ritmo y la medida.
¿Así que el músico
empieza cuando todo está terminado?
Sí,
salvo en el caso de canciones o bailes.
¿Y una vez la película
terminada, qué se hace?
Entonces,
la copia se proyecta ante el Director, el músico y, a veces, el
productor, determinándose las escenas que han de ser comentadas
musicalmente.
¿Trabaja el músico
con entera libertad?
Es
muy frecuente que el director o el productor den normas al compositor
sobre cómo les gustaría que fuese la música o el carácter de
ésta, indicaciones que el compositor tiene muy en cuenta a fin de
no contrariar los gustos de aquellos, para no perder los clientes.
Este sometimiento no siempre da resultados satisfactorios.
¿Y qué suelen pedirle
al músico, en estos casos?
Melodía,
melodía... No saben que una música excesivamente melódica distrae
al espectador impidiéndole sumergirse por completo en el film, y
creándole una especie de estado de inquietud que termina por convertirse
en desagrado. El músico, por la naturaleza misma del lenguaje que
emplea, tiende a la expresividad. Lo más difícil para el compositor
es neutralizar sus impulsos expresivos. Por eso son muy apreciados
(sin saberlo ni ellos mismos, ni los productores) aquellos músicos
capaces de hacer esas melodías anodinas e impersonales, imprecisas,
parecidas a todo y sin sabor a nada, que no dejan ningún recuerdo.
Holywood nos ha dado la pauta; pero, es preciso reconocerlo, también
nos ha dado obras maestras en el género. El que se haya descuidado
en general la música de películas, ha dado lugar a que, cuando se
quiere significar que una música es de calidad inferior se dice
que parece música de película. Yo no veo por qué, para ser considerada
como buena para el cine, la música tenga que ser mala necesariamente.
¿Qué se hace después
de determinar las escenas que deben llevar música?
Se
pasa a la moviola, que es un aparato donde se ve la película en
una pequeña pantalla y que permite detener la proyección donde convenga,
dar marcha atrás o continuar, pudiendo marcar en la misma película,
con un lápiz especial, el lugar exacto donde se debe empezar y terminar
la música, así como todos los cambios de expresión o carácter del
fondo musical, originados por los cambios de plano o de ambiente,
reacciones, efectos especiales u otros detalles. Luego, el compaginador
entrega al músico las medidas exactas, en segundos o fracción de
segundo, y ya con estas anotadas en su libro cinematográfico, el
compositor no tiene más que encerrarse en su laboratorio y crear
la música para toda la película.
¿Qué problemas plantea la composición del fondo
musical?
Además
del problema de la creación musical, ya bastante complejo en sí
mismo, por cierto, la mayor dificultad está en la rigurosidad de
las medidas, antes aludidas. Esta limitación está en contra de la
creación musical, la cual se basa en las deducciones que el compositor
extrae de la idea matriz generadora del discurso sonoro. Como es
fácil comprender, las limitaciones de tiempo conspiran contra esa
lógica deductiva y la mayor dificultad está en someterla a las vicisitudes
de la imagen, sobre todo para que el resultado se produzca de una
manera natural y no forzada.
¿Qué diferencias esenciales cabría señalar entre
el fondo musical de una comedia
y el de un drama?
Aparte
del carácter, cuestión que no necesita comentario aclaratorio, estimo
que la diferencia primordial está en que en la comedia priva lo
que ha dado en llamarse “la música del gesto”, mientras que en el
drama, la música debe abandonar esa superficialidad, ahondando en
el clima, contribuyendo a crearlo, a intensificar la tensión dramática
y a subrayar las escenas culminantes.
¿Cree usted que el fondo musical de algunas películas
tiene valor de composición
sinfónica por sí misma, prescindiendo de la película?
Salvo
en algún caso verdaderamente excepcional, creo que no; puesto que
la música, en el film, no sigue, como he dicho antes, una lógica
discursiva propia, sino ordenada por la imagen. La música de un
film, cuanto mejor sea como ilustración cinematográfica, despojada
de la imagen, no tendrá ningún sentido.
¿Y la cantata del film Alejandro Nievsky, de Prokofieff?
Se
trata de una reelaboración. Prokofieff ha compuesto una cantata
con la música de la película.
¿Y el caso del Pacific, de Honneger?
El
Pacific, de Honneger, es una obra sinfónica compuesta muchísimo
antes del advenimiento del cine sonoro. La película que circula
está filmada para ilustrar la música con imágenes. Y lo mismo sucede,
aunque desde otro ángulo espectacular, con la Sinfonía de París,
de Gershwin. Son películas hechas para la música y no música hecha
para las películas.
¿Admite usted, sin embargo, la posibilidad de producir
una música de calidad
excepcional para las películas?
Partamos
de que un buen compositor hará siempre una partitura mejor que un
mal compositor, porque, además de mejor oficio, tendrá más imaginación.
Pero, como se desprende de todo lo dicho antes, las cosas conspiran
contra ello. En primer lugar por la premura con que se le obliga
a trabajar, teniendo que hacer una partitura de 40 o 50 minutos
en dos o tres semanas, y en segundo lugar, porque se halla la música
demasiado mediatizada; está demasiado al servicio de otro arte.
Pues en la ópera, ¿no está la música al servicio
del drama o la comedia?
Nada
de eso. Desde el “Orfeo” de Monteverdi, hasta “La carrera de un
libertino” de Igor Stravinski, pasando por toda la inmensa producción
operística producida en ese “pequeño lapso de 350 años” que las
separa, todas las óperas han sido hechas sobre libretos confeccionados
expresamente para ser puestos en música, en los cuales casi siempre
ha colaborado el compositor por lo menos haciendo suprimir, agregar,
acortar o ampliar, teniendo en cuenta exclusivamente las necesidades
musicales y sin otras limitaciones de tiempo que las que se haya
impuesto él mismo, siguiendo sus propios impulsos y las necesidades
de su discurso musical.
Por
mucho que consideremos que la música es uno de los principales ingredientes
de una película, criterio que, por desgracia, no todos los directores
y productores comparten, no podemos pretender, los músicos, que
todo se pongo a nuestro servicio. Esto sería demasiado Pero sí tenemos
el derecho de que se reconozca que la música en un film, aunque
no se oiga, aunque no se vea, por así decir, es el motorcito que
está dando calor a los episodios; es el elemento unificador en un
arte que su principal característica está en la agilidad de desplazamiento.
Sin embargo, últimamente hemos visto alguna película sin música.
Eso quiere decir que puede haber películas que no necesiten música
y otras sí, las más; lo cual no significa que haya que descuidarla,
sino al contrario.
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Entrevista por
LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires
Programa “Reencuentro con el arte” de Ricardo Yrurtia
26
de Noviembre de 1958
Bien.
Es el maestro Julián Bautista quien ha tenido la deferencia de responder
a nuestra invitación
para conversar esta noche, acerca de aspectos relacionados con el
compositor. Rogamos, maestro
Bautista, si está de acuerdo con hacernos conocer sus conceptos.
Con
mucho gusto, Yrurtia, pero no vamos a hablar de los problemas técnicos
y estéticos que enfrenta el músico durante la gestación y realización
de su obra; sino de los que surgen una vez terminada ésta.
¿Cuáles
son esos problemas, según su opinión?
Todo
el mundo sabe que la música necesita un elemento intermediario entre
la obra creada y el público a quien va dirigida.
Por
supuesto que usted se refiere al intérprete.
Exacto.
Sin él, la comunicación del autor con el auditorio es imposible.
Sólo muy pocos pueden enterarse del contenido de una partitura por
medio de la lectura, y, en todo caso, entre este enterarse y la
percepción sonora hay un abismo de diferencia. De donde resulta
que antes que el público, hay otro destinatario y, por lo tanto,
la obra ha de gustar primero a éste, que es el ejecutante. Pero
esto no para ahí.
¿Más
complicaciones?
Sí,
las hay. El problema se agrava desde que la música ha llegado a
su más alto grado de atracción por medio del gran virtuoso o “divo”,
que congrega grandes masas de público, convirtiendo la actividad
musical en un negocio fabuloso, cayendo de inmediato en manos de
los hombres de empresa: organizadores de conciertos o “managers”.
Así nos encontramos con que el intérprete, a su vez, depende de
su representante o empresario, que actúa como censura previa sobre
el repertorio del artista.
En
tal caso, el permanente juego de los intereses han originado un
nuevo intermediario.
Así
es; pero éste es más peligroso, pues no reacciona por sus gustos
o inclinaciones artísticas, si las tiene; sino por razones de muy
diferente naturaleza: si una obra, por carácter, puede representar
el más mínimo riesgo para el ingreso de boletería, es automáticamente
eliminada de los programas; sobre todo si se trata de la llamada
música moderna, pues se le ha creado a ésta un ambiente hostil a
base de que no gusta al público, lo cual es totalmente inexacto.
Esta forma ha sido inventada para ocultar intereses puramente mercantiles.
¿Cuál
es la verdad, lo que está en el conocimiento general, maestro Bautista,
con respecto a la tendencia moderna?
En
este país contamos con un público que aprecia mucho la música actual
y la acepta con verdadero entusiasmo. Buena prueba de ello es el
éxito que ha acompañado las representaciones de la ópera “Wozzek”
de Alban Berg, estrenada hace unos años en el Teatro Colón y reprisada
éste. Se trata, como todo el mundo sabe, de una de las partituras
más audaces como escritura musical, que se ha hecho para el teatro,
y de las más difíciles de captar por el público habitual de los
teatros de ópera; obra escrita sin la menor concesión de los gustos
de esta clase de auditorios.
Refiriéndose
a la música moderna, usted dijo antes que se había creado una fama,
para ocultar intereses mercantiles.
Sí,
eso dije.
¿Puede
aclararnos a qué razones mercantiles responde tal actitud?
No
son las de mayor o menor atracción de público, sino de la merma
que puede producirse en las ganancias del empresario, aún con la
sala totalmente llena. Aunque parezca paradójico lo que conspira
en contra de la música actual es la Ley de Propiedad Intelectual,
que fue creada en todos los países civilizados para proteger el
producto del ingenio, precisamente.
¿Cómo se explica que pueda perjudicarla, si la Ley
fue hecha para protegerla?
Por
que esas leyes establecen que después de muerto el autor y pasado
un número determinado de años, las obras pasan a ser de dominio
público: o sea, que dejan de estar protegidas; pero no en beneficio
del público, sino de los empresarios, pues un programa donde sólo
haya obras de dicho dominio, no paga derechos de autor.
¿En todos los países es igual?
En algunos es peor,
pues no existe una Ley que los proteja, ni siquiera en vida.
Aunque muy importante por la incidencia que tiene
sobre la difusión de la obra, dejemos el problema del dominio público
y veamos qué otros hay.
Ya
le he enumerado bastantes; pero aún hay otros, relacionado con la
producción dirigida a las orquestas, y que plantea al compositor
una erogación a veces fuera de su alcance y sus posibilidades económicas.
Descontamos que también esto, tendrá usted la amabilidad
de aclararlo.
Si
un compositor hace una obra sinfónica y consigue que un director
se interese por ella y la incluya en un programa, el autor deberá
facilitar el material de orquesta; o sea, esos papeles que se colocan
en los atriles, donde los profesores de la orquesta leen sus respectivas
partes, las cuales ha habido que copiar de la partitura completa
que tiene el director. Este trabajo lo realiza un copista especializado
y cuesta muy caro.
¿Se puede hacer números?
Una
obra sinfónica de 25 o 30 minutos de duración, puede costar fácilmente
de seis a ocho mil pesos la obtención del material.
Pero, este gasto, ¿no le corresponde a los editores?
No
es frecuente, en nuestro país, que los autores tengan la obra previamente
contratado con un editor, donde desde hace muy poco se ha empezado
a encarar la edición de obras orquestales. Para ello es necesario
que la circulación de la obra sea posible. Para que una obra sea
editada tiene que circular y para que pueda circular tiene que estar
editada: un rompecabezas sin solución aparente.
¿Algún otro inconveniente que surja de la obra,
maestro Bautista?
Pues,
ya que hablamos de orquestas, debo señalar otro problema que se
está produciendo y que se perfila de suma gravedad para el futuro.
Me refiero a la carencia cada vez mayor de instrumentistas para
cubrir con eficiencia las necesidades de nuestras orquestas, tanto
del interior como de la capital. Aquellas tratan de cubrir sus cuadros
incompletos con instrumentistas sacados de Buenos Aires, y las orquestas
de aquí se ven en dificultades para cubrir las vacantes que se producen
por éstas u otras causas, con lo que la calidad de las mismas pueden
llegar a debilitarse.
¿A qué se puede atribuir esta carencia de profesionales?
Simplemente
a que es un oficio que requiere una preparación larga, seria, tenaz
y una disposición especial que no todo el mundo tiene, pues no es
sólo un oficio, sino un arte, y después resulta que es una de las
actividades peor retribuidas. Nadie quiere pasarse ocho o diez años
estudiando un instrumento musical para ganar menos que con cualquier
oficio de los más modestos o sencillos. Así es que nos estamos quedando
sin instrumentistas para nutrir las orquestas.
¿Qué solución habría para evitarlo?
La
única posible es jerarquizar la profesión del instrumentista estimulándola,
primero, con sueldos dignos y compensatorios y también con el reconocimiento
de la importancia que su trabajo representa en el nivel cultural
del país, que se refleja principalmente por las manifestaciones
artísticas entre las cuales la música es la más elevada. Este problema
ha podido ser superado hasta ahora únicamente gracias a la abnegación
de los músicos y su amor por la profesión que eligieron, prodigándose
en numerosas participaciones que por otra parte les resta tiempo
para su estudio. Pero cada vez son menos los que, en un mundo tan
materializado, optan por una actividad que sólo exige sacrificios
y se desarrolla ante la indiferencia general.
Aparentemente, todo esto no parece ser un problema
del compositor.
Sí,
lo es. En primer lugar, porque la orquesta es un intérprete; en
segundo, porque supongo que un compositor también se siente atraído,
por la necesidad de escuchar música de otros, hacia los conciertos
orquestales, y, en suma, porque todos los problemas que afecten
a la actividad musical, los sufre, en forma más o menos directa,
el compositor.
Muy bien maestro Bautista, y muy de acuerdo con
sus opiniones y puntos de vista, que
“Reencuentro con el arte” comparte a través de toda su campaña a
favor de la música y
los músicos. Ahora, ¿algo más, quizás otro problema?
La
verdad que no, porque no puede ser problema decirle a usted que
le agradezco esta cordial invitación a “Reencuentro con el arte”,
que me ha permitido decir cosas que las tenía muy pensadas y que
no siempre se pueden decir. Gracias por todo, Yrurtia.
Gracias a usted, maestro Bautista, y buenas noches.
Buenas
noches, Yrurtia.
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