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Y ANALISIS
PUBLICADOS POST - MORTEM
Enzo Valenti Ferro,
Buenos Aires,
Julio de 1961.
Con
la muerte de Julián Bautista, ha desaparecido una de las figuras
más prominentes del movimiento musical argentino. Estampamos con
sincera pena estas palabras destinadas a una columnas en las que
en el curso de los años se han ido alineando tantas expresiones
de respeto artístico por el notable músico y su obra.
Había
nacido en España. De allí vino hace dos décadas con una abultada
carpeta de títulos y honores, con un sabor amargo en los labios
y un corazón repleto de esperanzas. Hombre de nuestra raza, el madrileño
Bautista debe haberse sentido de inmediato uno de los nuestros.
Los músicos argentinos que le abrieron los brazos fraternalmente,
se encargaron de demostrarle que no se equivocaba. Aquí rehizo Julián
Bautista su vida.
Luchó
bravamente, sin pausa y sin desmayos. Aquí formó su hogar. Aquí
reanudó su carrera artística y aquí alcanzó también la madurez y
la culminación de su vida y de su arte. No fue sólo un huésped ilustre
en nuestro mundo musical, sino uno de sus protagonistas más activos
y descollantes. El medio artístico argentino no tiene que reprocharse,
afortunadamente, la falta de no haber comprendido y valorizado en
su justa dimensión la estatura artística de Julián Bautista.
También
comprendió y admiró su jerarquía humana. Porque Bautista fue un
hombre noble, así como fue un noble artista. Quien lo haya conocido,
quien haya tenido ocasión de tratarle un poco al margen del contacto
formal, como nosotros hemos tenido el honor y el placer de hacerlo,
no puede haber dejado de comprobar la integridad moral, la dignidad
humana del eminente músico, así como seguramente se ha sentido cautivado
por su bondad y su sencillez.
Quiso
a nuestro país. Lo quiso con todos sus defectos, que, como español,
era capaz de comprender muy bien. Su decisión de adoptar la ciudadanía
argentina estaba tomada. Podía, ciertamente, sentirse argentino
y a la vez castellano.
En
la hora de su muerte, hemos preferido decir estas cosas espontáneas
y sencillas sobre Julián Bautista, en lugar de ir anudando con fría
paciencia, elementos de información sobre su parábola artística.
Alguna vez y en circunstancias más propicias, han de escribirse
aquí esas cosas, con el debido rigor científico. Lo merece el gran
músico español que España perdió hace veinte años y el medio musical
argentino ha perdido ahora, esta vez definitivamente.
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