OTROS
COMENTARIOS Y ANÁLISIS PUBLICADOS POR
MUSICOLOGOS SOBRE SU
VIDA, SU OBRA Y SU PERSONALIDAD
Período:
Post-mortem
(Ordenados por orden cronológico)
Diario “La Prensa”
de Buenos Aires,
9 de Julio de 1961.
Ha causado profundo pesar en nuestros medios artísticos el
fallecimiento del compositor español Julián Bautista, ocurrido ayer
en esta capital. Bautista había nacido en Madrid en 1901, y estaba
radicado en este país de muchos años atrás, desde la época de la
guerra civil española. Republicano y demócrata ferviente, debió
exilarse de su patria cuando sobrevino el régimen de Franco.
Era
ya entonces considerado como uno de los primeros músicos jóvenes
de España. Discípulo de Conrado del Campo, y profesor poco después
del Conservatorio Nacional de Madrid, su nombre logró temprana notoriedad
cuando Antonia Mercé, “La Argentina”, le encargó un ballet, “Juerga”,
que tuvo resonancia internacional. Una vez radicado entre nosotros
continuó componiendo con regularidad, y el catálogo de sus obras,
si no muy numeroso, contiene en cambio partituras de un valor artístico
que le valieron en muchas oportunidades premios y distinciones,
tanto en nuestro país
como en el extranjero.
Deja
Bautista, entre otras obras, las siguientes: “Fantasía Española”,
para clarinete y orquesta; el ballet “Juerga”; una ópera “Interior”,
hecha sobre una obra de Maeterlinck; dos sinfonías, la “breve” y
la “Ricordiana”, llamada así porque fue premiada por la casa editorial
de dicho nombre; una “Suite all’antica”; la “Obertura para una ópera
grotesca"; dos cuartetos, el último de ellos premiado por la
Asociación de Conciertos de Cámara; el “Romance del Rey Rodrigo",
para canto; las “Tres Ciudades”, también para canto – que se darán
el viernes próximo en un concierto de la mencionada Asociación-
y otras composiciones de igual valor.
Bautista
fue profesor en nuestro conservatorio nacional, y actualmente lo
era en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, contratado por
esta entidad en vista de sus relevantes condiciones pedagógicas
y musicales.
Artista
de una probidad ejemplar, no cedió nunca ante ninguna solicitación
que significara un desmedro para el alto ideal artístico que había
hecho suyo y al que ajustó su conducta. Todo lo que hizo y lo que
compuso estaba señalado así por una cantidad excepcional, una pureza
de intenciones y una riqueza de medios que lo ubicaban merecidamente
entre las primeras figuras de la música española o hispanoamericana
de la actualidad.
Quizá
lo mejor que pueda decirse de él es que su estatura moral igualaba
a sus dotes artísticas. Estuvo rodeado de discípulos fervientes
y gozó de un respeto ilimitado como consejero, como animador y guía
de los jóvenes que se inician en la dura carrera de la música. Todo
ello hace que Julián Bautista deje en nuestro ambiente un vacío
que será difícil colmar con la plenitud, la autoridad y la grandeza
moral con que él lo hizo.
Diario “La Nación”
de Buenos Aires,
9 de Julio de 1961.
Profundo
sentimiento de pesar ha de producir, indudablemente, en nuestro
círculos artísticos y musicales, donde era una figura reconocida
y apreciada, el fallecimiento del ilustre compositor español Julián
Bautista, ocurrido en nuestra capital ayer por la mañana. El artista
desaparecido se hallaba radicado desde hacía muchos años en la Argentina,
habiéndose asimilado por completo a nuestro movimiento musical,
del que era uno de los más calificados y distinguidos representantes,
a través de la producción compuesta en nuestro país, de mérito singular,
y que complementaba de manera magnífica la obra realizada anteriormente
en España.
Nacido
en Madrid, el 21 de Abril de 1901, realizó sus estudios de piano
con la profesora Pilar de la Mora, y de composición con el maestro
Conrado del Campo, en el Conservatorio Nacional de la capital española,
donde fue más tarde profesor de armonía, cargo que obtuvo por oposición.
Pronto comenzó a destacarse por sus cualidades como compositor.
Ya en las primeras obras se manifiestan algunas de las características
distintivas de su arte, como la seguridad en la realización técnica,
la finura en el trazo y la calidad en la inspiración melódica. Pertenecen
a esta época inicial el drama lírico “Interior”, según Maurice Maeterlinck;
“La flûte de jade";
“Dos
canciones” con textos de G. Martínez Sierra; el “Ballet Juerga";
“Colores”; dos cuartetos de cuerdas (que obtuvieron el premio nacional
de música); “Sonatina-Trío”; “Tres preludios japoneses”, para orquesta
y “Preludio y Danza” para guitarra.
En
1930 se constituyó en Madrid una agrupación de jóvenes compositores,
guiados por un ideal común, que si no llegó a formar un núcleo perfectamente
definido, ejerció una considerable influencia en el ambiente musical,
y tal vez sólo la falta de tiempo impidió que llegase a constituir
un movimiento de proporciones en la evolución artística de la península.
El Grupo de Madrid estaba integrado por tres discípulos de Conrado
del Campo: Julián Bautista, Salvador Bacarisse y Fernando Remacha,
a los que se sumaron Rodolfo Halffter, Juan José Mantecón, Gustavo
Pittaluga y Rosita García Ascot.
Mientras
tanto la producción de Bautista se iba afirmando con obras de significación,
como la “Suite all'antica"; la “Obertura para una ópera grotesca",
(Premio del concurso internacional de Unión Radio); las dos sonatas
concertate a quattro (la
segunda de las cuales obtuvo el primer premio del concurso internacional
organizado por el Quatour Belge a Clavier); “Tres Ciudades",
para canto y orquesta, sobre poesías de Federico García Lorca (Festivales
de la SIMC, Londres, 1938), y “Sonate a quatre, d’après Giovanni
Battista Pergolese”.
Pero
desgraciadamente los acontecimientos políticos impidieron que la
actividad artística de estos jóvenes compositores españoles, que
se iniciaba bajo felices auspicios, pudiese prosperar. La guerra
civil española trajo como consecuencia, en este aspecto, la dispersión
del Grupo de Madrid, y la expatriación de algunos de sus integrantes.
Bautista sufrió la pérdida de gran parte de su producción musical
en los bombardeos de Madrid, durante la guerra civil, en que fue
destruida su casa. Logró finalmente después de algunas alternativas
dolorosas, y cuando se iniciaba la segunda guerra mundial, radicarse
en nuestro país.
En
la Argentina compuso, después de un largo período de inactividad,
la “Fantasía española", Op. 17, para clarinete y orquesta;
“Catro Poemas Galegos", sobre poesías de Lorenzo Varela (Festivales
de la SIMC, Amsterdam, 1948); “Sinfonía Breve"; “Romance del
Rey Rodrigo", para coro mixto; “Tercer cuarteto de arcos” (Premio
de la Asociación Conciertos de Cámara) y “Segunda Sinfonía Ricordiana",
que ganó el concurso organizado por Ricordi Americana. En ellas
alcanza la plena madurez de su personalidad musical, de sentimiento
noble y profunda expresividad. Pertenece también a esta época la
música de fondo para numerosas películas argentinas. Integrante
de la Liga de Compositores de la Argentina, formó parte, en representación
de nuestro país, de la delegación que en 1957 fue a Caracas, para
asistir al Segundo Festival de Música Latinoamericana, realizado
en la capital venezolana.
Paralelamente,
Bautista desarrolló una importante labor pedagógica, en nuestro
medio, formando numerosos y calificados alumnos como profesor de
composición del Conservatorio Nacional de Música
Por último, en 1959 fue invitado para desempeñar igual cargo
en el Conservatorio de Música de Puerto Rico.
Los
restos del maestro Julián Bautista recibirán sepultura hoy a las
11 en la Chacarita. En conocimiento de su fallecimiento, la dirección
del Conservatorio Nacional de Música se adhirió al duelo, designando
en su representación una comisión de homenaje integrada por los
profesores Jacobo Ficher, Alberto Ginastera y Roberto García Morillo.
Alicia Terzian de
Atchabahian,
Revista “Clave” del Uruguay,
Agosto-Setiembre de 1962.
Es
extraño. No llegué a conocer tan profundamente al maestro Julián
Bautista, ni pude asimilar sus juicios y enseñanzas puesto que mi
conocimiento se redujo a una presentación respetuosa, saludo en
cada oportunidad de conciertos, breves palabras entrecruzadas en
una conversación. Pero la noticia de su repentino fallecimiento,
que tuve a mi vuelta de Europa, produjo en mí un dolor muy sincero.
Es
que Julián Bautista, de intensa vida interior, trasmitía “algo”
a los demás. Trasmitía toda esa inmensa honestidad personal, de
artista y de hombre. Honestidad en el decir, en el hacer, en el
crear. Y por esta razón su obra musical no es suficientemente extensa,
en número como lo exigiría su talento artístico. Porque siempre
estaba a la búsqueda de una respuesta actual a un constante y creciente
necesidad de crear. Porque no buscaba ese insignificante matiz de
originalidad que lo hiciera ser apreciado por aficionados dispuestos
a exaltarlo, sino, por el contrario, iba al centro mismo de su propio
ser para sacar de sus entrañas aquello que perdurara, que se proyectara.
Y
Julián Bautista lo logró. Tuvo ese magnífico poder de ser comprendido
y amado por todos. Sintió, sobre sí, el afecto profundo de los que
eran sus amigos y de los que hubieran querido serlo.
Sus
obras, ya lejos de la mano exigente de su creador, adquieren una
vida autónoma, se convierten en personalidades, en seres independientes
animados por un soplo espiritual; son el sujeto viviente de una
existencia que no es, pero que se refleja en ellas. En una época
en que el alma es devorada por las doctrinas materialistas, por
la incredulidad, por las tendencias utilitarias, Julián Bautista
modificó dentro de sí esta situación, profundizándose, enriqueciendo
su talento, buscando en sí el contenido de su impulso creador.
“Es
bello lo que procede de una necesidad interior del alma”, leí en
alguna parte, y las obras de Bautista tenían mucho de esa belleza
interior. A este respecto el pensamiento de Julián Bautista es claro
y leemos: “En arte es bueno lo que es bello”. Y con esta sola frase
echa por tierra sistemas y métodos. A la pregunta que todo creador
se hace a sí mismo: ¿Se debe conservar o innovar? ¿Aceptar el lenguaje
musical heredado y transformarlo, o echar por tierra todo y comenzar
de cero?
A
esas preguntas, Julián Bautista respondía con: “Conservar no es
rechazar lo nuevo, sino admitirlo para conservarlo. Y puesto que
todo lo actual es consecuencia de lo anterior, está claro que lo
nuevo no viene a desplazar aquello de lo que es hijo. La rama
joven no viene a discutir el árbol ni sus raíces sino a darle nueva
vida y así como el tronco necesita ramas nuevas para no morir, la
rama nueva necesita del tronco y de sus raíces para sustentarse
y de la savia que de ellos recibe se alimenta para florecer”. Y
con esta frase, que podría ser una declaración de principios, queda
definida la posición estética de Bautista.
Su
fina sensibilidad de artista, su gran honestidad, su amor a la tierra
natal –había nacido en Madrid (España) el 21 de Abril de 1901—le
dictaron creaciones que no desdicen con las grandes tradiciones
musicales hispánicas. La pureza y universalidad de sus obras merecen
un capítulo aparte en las grandes creaciones contemporáneas.
(...)
Desde
1958 hasta el día que lo sorprendió el llamado de voces lejanas
–el 8 de Julio de 1961—su pluma permaneció inactiva aunque no su
mente. Como leímos en un afectuoso artículo del Maestro Juan José
Castro, la respuesta a esa inactividad era una sola: “Yo espero”.
Porque nada en Julián Bautista era improvisado, ni menos frío e
inexpresivo. El esperaba el momento en que su mente y su corazón
le dictaran nuevos acordes, melodías. Porque todos los “ismos” que
se apoderaron de la música actual le exigían un compás de espera.
Atenta y vigilante, pero espera.
Porque
el verdadero misterio de la creación artística, la técnica de su
lenguaje estaban, para Julián Bautista, enteramente al servicio
de una exigencia de la sensibilidad. El esperaba y buscaba la esencia
misma de toda esta etapa de “tiempos revueltos” –como afirma el
historiador Tounbee—que despertaría en él una nueva originalidad
creadora en obras que estuvieran llenas de verdad, de sinceridad.
Desde
1940 se encontraba en Buenos Aires y la mayor parte de su producción
surge en este ambiente argentino que lo consideraba suyo. La enseñanza
–en Buenos Aires y en Puerto Rico--, la creación pura, la composición
de partituras para cine encontraron en Bautista una personalidad
notablemente dotada y a la hora que dedicaría sus esfuerzos hasta
la hora final. Su personalidad y su obra crecen día a día en significación,
logrando una definitiva proyección internacional.
“En
arte es bueno lo que es bello”, dijo Julián Bautista y sus obras
fueron un constante regalo de belleza. Sean esta notas expresión
de afecto y admiración por el Maestro Julián Bautista.
Diario
“La Nación” de Buenos Aires,
“Dan el nombre de J. Bautista a una biblioteca”,
el 19 de Noviembre de 1963.
En
la Escuela Nº 29, sita en la calle República de Israel 284, de la
localidad de San Martín, Provincia de Buenos Aires, ha sido creada
una biblioteca musical que llevará el nombre de Julián Bautista,
el destacado músico español que durante prolongado lapso, hasta
el término de su existencia, residió en nuestro país.
Autora de la iniciativa es la señorita Amor de las Nieves
Martín, que fue alumna del maestro Bautista, y su realización se
debe al esfuerzo conjunto de un núcleo de personas y entidades,
alas que dio su apoyo el Fondo Nacional de las Artes.
La
Biblioteca Musical Julián Bautista se especializará en didáctica
en las escuelas primarias y secundarias y su inauguración tendrá
efecto el viernes 22 de Noviembre de 1963, a las 17, en ceremonia
que contará con la presencia de autoridades, representantes de la
Embajada de España y figuras de nuestro medio artístico.
Tras palabras iniciales de la señorita Martín, procederáse
a la bendición del recinto, encomendada al R. P. Julián Hernández,
y actuarán como padrinos las señoras Adela Fuks de Bautista y Elena
Chacar de Seoane y los señores Ferruccio Calussio y Alberto Ginastera.
Seguidamente,
el señor Leopoldo Hurtado hará una semblanza del compositor evocado
y el profesor Norberto Zen disertará sobre el tema “El ser humano
y sus posibilidades reales de ingresar al mundo de la música”. Completaráse
el acto con actuaciones del Coro Folklórico Argentino, dirigido
por Oscar Bareilles, y la soprano Marta Benegas, acompañada en piano
por Valdo Sciammarella, hará escuchar “Tres Ciudades", Op.
14, de Julián Bautista, sobre poemas de Federico García Lorca.
Programa
del concierto de la
Escuela de Canto Coral de
Mar del Plata, Argentina,
11 de Octubre de 1971.
Radicado
en la Argentina hasta su muerte, el prestigioso compositor español
Julián Bautista, ha intervenido de una manera eficaz y activa, en
el desenvolvimiento de nuestro arte, tanto por su labor de creador
como por su actuación en la Liga de Compositores de la Argentina.
Su obra fruto de un pensamiento rico y prieto, es parca en los medios,
jugosas en las ideas. Discreto, sobrio en su persona, así quiere
que sea su arte. Nada extraño, pues, que su producción se demore
en largas pausas, sometido como es a minuciosas revisiones antes
de que eche a volar. Cuando sus silencios se quebraban era siempre
para regocijarnos con ricas compensaciones Los “Catro Poemas Galegos”,
el Romance del Rey Rodrigo", la “Sinfonía Breve” y el “Cuarteto
de Cuerdas Nº 3”.
Julián
Bautista nos dejó además en algunos papeles sueltos y en tres obras
fundamentales inéditas, su pensamiento acerca de la música y sus
problemas. He aquí tan sólo una pequeñísima parte de ellos: “El
sistema no vivifica, sino que diseca, descompone”. “Un exceso de
ordenación puede llegar a esterilizar. Composición es, en este caso
contrario a creación”. “La composición es un misterio, no un problema”.
G. M. Swanston
Facultad de Artes y Ciencias Musicales
Buenos Aires, Marzo de 1972
Julián
Bautista se nos presenta como el compositor que elabora por largo
tiempo sus trabajos y que no dará a conocer una obra que no considere
como creación personal auténtica o como trabajo que creyera imperfecto.
Muchas
de sus obras fueron destruidas por él mismo y otras fueron re-elaboradas,
como la “Suite All’antica”. Tal vez esa conciencia de presentar
trabajos que los satisfagan plenamente fue la razón de su no muy
prolífera obra, pero que sí encontramos de gran calidad y que acusan
una sólida formación.
Bautista
es el músico honesto que demora su producción buscando encontrar
originalidad y autenticidad en sus composiciones. Este músico que
luchaba por el arte mismo y que no competía con nombres, sino con
“su música”, luchó toda su vida para el arte y no para conseguir
una posición destacada a través de él. Lo demuestra claramente su
producción. Así, también, lo denota su escaso interés en la búsqueda
de publicaciones de sus obras o grabaciones de las mismas.
Programa del concierto de la
Orquesta Nacional de España,
19 de Abril de 1996.
Curiosamente
en estos días se cumple el nonagésimo quinto aniversario del nacimiento
de un contemporáneo de Shostakovich, Julián Bautista, una figura
relativamente desconocida de nuestra vida musical que fue uno de
los miembros más destacados de la denominada Generación del 27 o
de la República, así como del Grupo de los Ocho de Madrid. Nacido
en la capital de España, se formará en el Conservatorio, donde estudiará
piano con Pilar Fernández de la Mora, armonía con García de la Parra
y composición con Conrado del Campo.
Desde
aquellos años se consolidará su relación con Bacarisse y Remacha.
Trabajará en la emisora Unión Radio (uno de los centros de difusión
de la nueva música) en compañía de Bacarisse y entrará en el Conservatorio
como profesor de armonía, llegando a ser secretario del mismo. En
los años de la Guerra Civil, fue miembro del Consejo Central de
la Música. Después de la conflagración se exiliará en Argentina,
donde coincidirá con Falla, Pahissa y otros músicos españoles, y
donde morirá en 1961.
Julián
Bautista no fue un compositor prolífico, aunque su vida creativa
estuvo jalonada de éxitos, entre los que se destacaron su Premio
Nacional de Música en 1923 y 1926, el primer premio de Unión Radio
en 1932, así como en 1958 el premio del Concurso Internacional organizado
por Ricordi Americana y el premio de la Asociación de Conciertos
de Cámara, en el Festival Interamericano. Su pensamiento creativo
fue recogido por Alberto Ginastera, a través del artículo “El pensamiento
de Julián Bautista”.
La
composición para Bautista, que define como “un misterio”, debe tratar
de evitar los “absolutismos estéticos”, partiendo de un principio:
“En arte es bueno lo bello”., sin negar las producciones que no
se acomoden a una técnica o a un sistema. El punto crucial en su
concepción es dilucidar cuál es la presencia que ha de tener el
“sistema” y la “intuición”. El sistema “diseca, descompone”, pero
“un exceso de ordenación puede llegar a esterilizar”. Él llega a
afirmar que “no es recomendable que entre estos dos factores se
establezca una jerarquía en la que la intuición quede subordinada,
que el razonamiento prime sobre el impulso creador, que éste esté
sometido a la teoría en forma férrea, impidiendo una verdadera cooperación
entre la mente ordenadora y la fantasía creadora. Porque la técnica
debe ser puesta al servicio de lo que la gente llama inspiración”.
Emilio
Casares ha establecido tres etapas en la creación de Bautista. La
primera correspondería al estilo “impresionista”, que incluiría
su ópera en un acto con texto de Maeterlinck, “Interior”; las tres
canciones para soprano y piano “La flute de jade”; “Colores”, colección
de seis piezas de corte simbolista, que entronca directamente con
el espíritu debussyano; y el ballet “Juerga”, que estrenó la Argentina
en la Ópera Cómica de París.
En
la segunda etapa, Julián Bautista se sube al carro del Neoclasicismo
entones imperante en Europa, con figuras como el Stravinsky de “Pulcinella”
o el último Falla. De aquí son su “Primer Cuarteto”, los “Tres Preludios
Japoneses”, la “Suite all’Antica” o la “Obertura para una Opera
Grotesca”.
La
última etapa vendría determinada por su exilio en Argentina, tras
la Guerra Civil, debido a la vinculación de Bautista con el bando
republicano. Fueron unos años “catastróficos” en general para todo
el grupo, ya que con la excepción de Gerhard y Rodolfo Halffter,
los demás llevaron muy mal su salida de España. De estos últimos
años son su “Fantasía Española”, que hoy figura en el programa,
Su “Sinfonía Breve”, su “Sinfonía Ricordiana”, estrenada en 1957,
o su “Tercer cuarteto”.
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