COMENTARIOS
Y ANALISIS
PUBLICADOS POST - MORTEM
Juan
José Castro
Con motivo de su obra
“Epitafio en ritmos y sonidos”
(“in memoriam” Julián
Bautista)
Una
fuerte, una tierna amistad me unió a Julián Bautista. Admiré en
él su vocación de músico y su vocación de hombre libre. Su vida
fue una gran lección en ambos sentidos: la integridad artística
–que no podía desfallecer- tenía en el hombre su perfecto equivalente.
Este
ser delicado, modesto, que abundaba en simpatía, silenciaba actos
de valentía inequívoca que lo desbordaron cuando se trató de defender
causas impostergables para la salud de su patria. Así era su modestia.
Así era también su silenciosa tarea de artista.
A
este extraño ejemplar humano están dedicadas las voces y ritmos
que han acudido para formar el Epitafio. Es modesta ofrenda y no
sería casual que reflejos –o sombras- de su presencia se advirtiesen
aquí y allá, consecuencia de la inevitable evocación que durante
mi tarea debió producirse. Esta circunstancia es también la que
confiere a la obra carácter poemático.
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