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Y ANALISIS
PUBLICADOS EN VIDA
Elsa
Calcagno, revista “La Mujer” de Buenos Aires,
Marzo de 1941,
“Julián Bautista, eximio compositor español”.
Este
compositor –uno de los mejor dotados entre las nuevas promociones
musicales españolas—fue uno de los miembros del llamado “Grupo de
los Ocho”, integrado, además, por Bacarisse, Remacha, Rodolfo Halffter,
Mantecón, Rosita García Ascot, Pittaluga y Ernesto Halffter, que
se constituyó a semejanza del famoso grupo francés “de los seis”
como una afirmación renovadora ante la cerrazón, furiosamente conservadora
y limitada del ambiente musical hispánico.
Músico
temperal nato, Bautista patentizó en sus estudios iniciales de solfeo
y de piano (éstos últimos realizados con la excelente profesora
doña Pilar Fernández de la Mora), sorprendente precocidad. Después de unos años de desorientación en sus estudios de armonía,
tuvo la suerte de ser incluido entre los alumnos de Conrado del
Campo, que imprimió nuevos rumbos a la enseñanza de la técnica musical,
sometida hasta entonces en nuestros centros oficiales a una rutinaria
ineptitud de procedimientos.
En
la clase de Conrado del Campo, Bautista fue condiscípulo de Salvador
Bacarisse y de Fernando Remacha, que contagiados de la misma inquietud
renovadora, formaron con él el núcleo generador del antes mencionado
“Grupo de los Ocho”, constituyendo dentro de él la tendencia que
pudiéramos llamar “central” frente a la “meridional” representado
por los que como los dos Halffter, Rosita García Ascot y Pittaluga
seguían las huellas del andalucismo o del neoclasicismo de Manuel
de Falla.
Durante
esta época escolar, el joven compositor se sintió ya impelido a
elaborar con materia propia lo que en la clase había asimilado y
escribió una “Sonata para violín y piano”, un “Cuarteto para cuerdas”,
unas “Canciones sobre poesías de Bécquer” y unas “Impresiones sinfónicas”,
obras que Bautista destruyó más tarde por considerarlas como meros
ensayos.
La
influencia de Debussy, inevitable en todo músico con sensibilidad
que se haya formado en las primeras décadas del siglo XX, le llevó
a captar con aguda habilidad los procedimientos impresionistas y
transido de asombro ante la incisiva exquisitez de “Pelleas et Melisande”,
puso música a otro poema dramático de Maeterlinck: “Interior”, que
constituyó ya un positivo logro artístico revelador de una incipiente,
pero auténtica personalidad musical.
A
“Interior” siguieron, asimismo bajo el signo impresionista, la “Flûte
de Jade” (tres canciones para voz de soprano y piano, basadas en
poesías chinas traducidas al francés por Franz Toussaint); “Colores”
(seis piezas para piano); “Preludio para un Tibor Japonés” (para
orquesta de cámara) y en 1921 aparece en la obra de Bautista una
nueva tendencia situada dentro de la tradición española, pero depurada
de tópicos localistas y de pintoresquismos fáciles, que se manifiesta
de “Dos Canciones” sobre poesías de Gregorio Martínez Sierra, para
voz de soprano y piano y en “Juerga”, ballet en un acto que la inolvidable
Antonia Mercé, “La Argentina”, estrenó en 1929 en la Ópera Cómica
de París.
Durante
esta etapa de 1920 a 1930, Julián Bautista escribió también dos
“Cuartetos” para instrumentos de arco, que obtuvieron respectivamente,
los años 1923 y 1926, el “Premio Nacional” de Música de España,
y una “Sonatina-Trío” (1924-1925)
para violín, viola y violoncello.
Dentro
de la tendencia vernácula, compuso en 1928 “Preludio y Danza” para
guitarra y recientemente (1937), “Tres Ciudades”, canciones para
soprano y piano, y para soprano y orquesta, sobre poesías de Federico
García Lorca que fueron estrenadas con magnífico éxito en uno de
los primeros Conciertos de la “Orquesta Nacional” por la liederista
Mercedes Plantada y, asimismo, seleccionados por el Jurado de la
Sociedad Internacional para la Música Contemporánea, figuraron en
uno de los programas de los festivales celebrados en Londres el
pasado mes de Junio, logrando un éxito rotundo.
En
el año 1932, Bautista logró el primer premio en el Concurso Internacional
de Unión Radio (Madrid) con su “Obertura para una ópera grotesca",
y recientemente su “Seconda Sonata Concertata a Quattro”
(1938) para violín, viola, violoncello y piano, ha obtenido, asimismo,
el primer premio en el Concurso Internacional de Bruselas, siendo
interpretada por el “Quatour Belge à clavier”.
Actualmente
reside entre nosotros y es de esperar que en este suelo de paz y
libertad, su talento encuentre el ambiente propicio para proseguir
su obra.
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