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Y ANALISIS
PUBLICADOS POST - MORTEM
Constante Abolsky,
análisis sobre Julián Bautista titulado:
“Contribución al estudio de su último período creador”,
Febrero de 1972.
Este
estudio pretende aportar algunas precisiones respecto a la última
etapa creadora de Julián Bautista, para lo cual intentará ahondar
en el análisis de una de las obras más importantes de ése período,
el “Romance del Rey Rodrigo", Op. 20, estableciendo las condiciones
estilísticas que puedan ligarlo a sus otras composiciones. Como
he tenido el privilegio de ser su discípulo durante varios años,
trataré de vincular los rasgos detectables en esas obras con opiniones
que tuve ocasión de escucharle en el curso de mis clases, que informan
sobre sus ideas en materia de estética y creación musical.
Es
lamentable tener que consignar que la obra de Bautista, a quien
debemos contar entre nuestros artistas no obstante su origen, no
goza de la difusión que merece, si descontamos esporádicas audiciones
de sus creaciones, y algún notable esfuerzo como el emprendido bajo
la dirección de su discípulo Horacio de la Rosa, quien organizara
en ocasión del décimo aniversario de la muerte de Julián Bautista,
la difusión de la casi totalidad disponible de su obra a través
de Radio Nacional (Argentina) en julio último. Por otra parte son
escasos los estudios consagrados a su obra y personalidad, aquí
haremos referencias a algunos de ellos.
No
es intención de este trabajo abundar en datos biográficos respecto
a Julián Bautista, por lo que simplemente apuntaré que, nacido en
Madrid el 21 de Abril de 1901, donde se realizara desde muy joven
sus estudios musicales, emigró de España con motivo de la guerra
civil y luego de recorrer algunos países se radicó en nuestro país
en 1940. Su fallecimiento se produjo en Buenos Aires, el 8 de Julio
de 1961.
Entre
nosotros desempeñó una amplia labor en el campo de la creación (incluyendo
partituras para algunas películas) y en la pedagogía, además de
ocasionales presentaciones como director de orquesta. Podemos recordar
entre los momentos empinados de su carrera, la obtención
de importantes premios en concursos de composición, de los
que citaré algunos: el primer premio del Concurso Internacional,
realizado en 1938, por el Quatour Belge â Clavier, por la “Seconda
Sonata Concertata a Quattro, Op. 15, otorgado por el siguiente jurado:
Arthur Bliss, Alfredo Casella, Jacques Ibert, Tibor Harsanyi, Arthur
Honegger, León Jongen, Willem Pijper, Alexander Tansman y Heinz
Tiessen; la “Sinfonía Ricordiana”, Nº 2, Op. 21, fue galardonada
en ocasión del concurso que Ricordi Americana celebró en 1957 con
motivo del 150º aniversario de la casa central; los miembros del
jurado fueron Juan José Castro, M. Camargo Guarnieri y Alberto Ginastera;
por último citemos el premio concedido al “Cuarteto de Cuerdas Nº
3”, Op. 22, (1958) por la Asociación Argentina de Conciertos de Cámara,
con el voto unánime del jurado formado por M. Camargo Guarnieri,
Juan Orrego Salas y Alberto Ginastera. Hacia el final de su vida
tuvo la satisfacción de ser nombrado Profesor del Conservatorio
de Música de Puerto Rico, dirigido por Pablo Casals.
(Aquí,
Constante Abolsky presenta el detalle
completo de su producción, que se puede
encontrar en el capítulo “catálogo
de obras”)
Bautista
atravesó significativas transformaciones estilísticas en el curso
de su carrera. En 1930 se formó en Madrid un núcleo de jóvenes compositores,
bajo el nombre de “Grupo de Madrid”, en el que revistaban además
de Bautista, Rodolfo
Halffter, Salvador Bacarisse, Fernando Remacha, Juan José Mantecón,
Gustavo Pittaluga y Rosa García Ascot. Entre los lineamientos propuestos
por el grupo, mencionamos el soslayar el problema del nacionalismo;
el de remitirse a los valores puramente musicales de una obra, dejando
de lado los literarios y extramusicales en general, y por último,
el rechazo de todo romanticismo. La participación de nuestro compositor
en esta agrupación coincide con una de las etapas de transformación
que hallamos en su creación; en efecto, podemos constatar diversos
períodos estilísticos en Bautista, tal como señala Roberto García
Morillo. Tales etapas que no pueden ser rígidamente definidas desde
el punto de vista cronológico, serían la impresionista, la españolista,
la neoclásica y la contemporánea.
Esta
última, la que nos interesa especialmente, se iniciaría con el Segundo
Cuarteto y la Obertura para una ópera grotesca. No obstante, como
se apuntara, existen obras en este último período que comparten
rasgos comunes con las anteriores: por ejemplo, la Sinfonía Breve
ostenta características neoclásicas, y en el Romance del Rey Rodrigo
y otras composiciones se advierten aspectos similares observables
en las obras de la época españolista.
En
el período llamado contemporáneo hallamos un tratamiento armónico
más duro y áspero que en los anteriores; si bien en general no se
aparta de la tonalidad, aunque incorpora procedimientos politonales,
continúa utilizando con profusión armonías modales como en anteriores
producciones, y comienza a trabajar con moderación elementos seriales.
Observamos una gran libertad rítmica, y en el aspecto melódico una
línea clara, predominantemente diatónica.
Recuerdo
que las lecciones que recibí de él, hacía especial hincapié en el
aprendizaje de la fuga para la formación del compositor; al analizar
sus obras compruebo un uso de todos los recursos del contrapunto,
tal como lo plantea la fuga; asimismo solía recomendar la forma
cíclica en obras de cierta extensión a fin de obtener mayor coherencia,
consejo que también vemos aplicado en sus composiciones.
La
situación contemporánea planteaba a Bautista serios interrogantes;
sin duda ello influyó en los largos paréntesis que se observa en
la aparición de sus obras; además si por un lado desdeñaba ciertas
extravagancias pretendidamente modernista, por el otro temía estar
adoptando una actitud reaccionaria frente a las audacias de las
corrientes de vanguardia, al recordar ejemplos similares del pasado.
Creo que tal disyuntiva se reflejó en su creación: si bien se mostró
reacio a incorporar las técnicas del dodecafonismo y serialismo
que constituían la vanguardia en aquel momento, podemos detectar
hacia el final un uso prudente de las mismas. Asimismo puedo recordar
que en una ocasión manifestó que la tendencia hacia la desintegración
temática era contraproducente, y tal vez habría que volver a la
estructuración basada en la idea, tal como lo había hecho Beethoven.
(A
partir de aquí Abolsky inicia un profundo análisis
del “Romance del Rey Rodrigo", Op. 20, que puede
encontrarse en el capítulo “Evaluaciones
periodísticas...”)
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